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Melancolía Perversa

Imagina que este artículo, casi anónimo, lo estás leyendo nuevamente, cincuenta años después de hoy

 

Por Norberto Rodríguez

 

En un ejercicio de memoria, podrías preparar una taza de café y pensar en aquellas cosas en las que creías, en las expectativas de la vida que cultivabas entonces, en tu visión sobre la ciudad, el sexo y las noches con amigos. Las revistas que solías comprar, las que ya no existen y las que muy probablemente te sobrevivirán.

Recordar cómo era el metro y el autobús, los rostros jóvenes de quiénes aún te acompañan o ya no están, de cómo era tu casa o los sitios a los que solías acudir. El sabor del tabaco y los sitios en los que llegaste a follar. Tus expectativas sobre el amor y el trabajo, tu visión sobre la vejez, la ropa que disfrutabas comprar. Los primeros cristales empañados.

El cuerpo gordo y rugoso de quién hoy duerme junto a ti, antaño terso y delicado, abierto a las caricias, a los abrazos. Tu cuerpo gordo y rugoso hoy, antaño terso y rebosante de hormonas, también abierto a las caricias, a los abrazos.

Somos como barcos de papel, condenados a un viaje que inevitablemente, por su características, acabará consumiendo nuestras fuerzas hasta deshacernos en las aguas de la memoria y el tiempo. Puro papel.

Y me gusta pensar, mientras yo también viajo en el tiempo, que ese cuerpo gordo, viejo y rugoso, que alguna vez fue joven e insultantemente terso, lleno de hormonas y cargado de emociones, descansa camuflado bajo una cáscara que sólo degrada y corrompe lo visible, y que los amigos, incluidos los que ya no están, junto a esa persona gorda, vieja y rugosa que duerme junto a ese otro cuerpo no menos golpeado por el tiempo, siguen rebosando vitalidad y mirada curiosa, esperando, eso sí, el beso que devuelva las caricias y el abrazo, las ganas de continuar el viaje hasta el final, y que nunca, nunca, deban recurrir a la memoria para volver a sentirse vivos.

Pero ahora, que sabes que todo esto no es más que pura farsa y que tu piel sigue tan tersa y tus hormonas tan disparadas como hace tan solo unos minutos atras, con tus tetas duras como rocas y tu polla erecta, precisamente ahora cuando creemos encontrarnos a salvo, recuerda que lo del barco de papel sigue siendo verdad, y que estas líneas se han escrito, con suerte, cincuenta años atrás.

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