¿Cansado de perseguir
sueños, sábanas y noches de alcohol? ¿Te
asusta lo que el paso de los años puede
hacer con tu cuerpo, tu vida, tu trabajo?
¿Te rompen el corazón cada fin de semana, o
por el contrario a ti nunca te han roto
nada?
Así es amigos, el éxtasis ya no es tan bueno
como antes, y el mercado carnal (aunque
sigue gozando de buena salud) se vuelve
complejo a la hora de encontrar
algo de verdad.
Algo de verdad en las miradas,
detrás de cada
palabra,
debajo de un pantalón, tras un papel con un
número de teléfono, en los baños de un bar,
en el cuarto oscuro de otro.
La verdad, como casi
todas las cosas en ésta vida, es algo muy
relativo. ¿Qué hay de verdad en la ropa que
llevas puesta, en el trabajo que desempeñas,
en la forma en la que hablas de ti ante
alguien que no conoces de nada?
¿Te va la sinceridad, no
soportas la mentira? ¿Crees sinceramente que
tu interlocutor estaría en condiciones de
soportar la verdad…? ¿Y tú?
Qué tal si ésta noche
cambiamos el guión
y en lugar de comentarle la ristra de
proyectos en los que estás embarcado y lo
bien que se te da escuchar a los amigos,
le cuentas la
verdad.
Dile que estás cargado de frustración tras prostituirte en un trabajo de mierda y que tienes planeado mediocrizar tu vida preparando unas oposiciones porque no encuentras una salida más digna, que te da pánico arriesgar.
Que al despertar tu humor es insoportable y
que lo mejor es que no te dirijan la
palabra, que de follar a esas horas, ni
hablar. Que si busca un orgasmo lo mejor que
le puede pasar es cascársela en el baño
porque a ti los despertares románticos no te
van. Que eres un tipo tremendamente fiel,
salvo en tres ocasiones en toda tu vida,
todas ellas con tus tres parejas anteriores
y todas
perfectamente justificadas,
porque tú eres fiel, y la infidelidad no la
soportas, como tampoco soportas la farsa.
Dile que no
crees en las mentiras piadosas y defínete
como un verdadero hipócrita.
Que te gusta despellejar a la gente en su
ausencia y que tu gran fantasía es hacer un
trío con cualquiera, menos con tu pareja,
porque no lo soportarías. Y no lo harías
porque te reconoces un tipo celoso de las
caricias y el cuerpo de tu pareja,
aunque no así del
tuyo.
Díselo sin rodeos.
Así es amigos, mentimos más de lo que nos
gustaría reconocer y pretendemos que el otro
nos
corresponda con la imagen que le hemos
vendido.
Y la cosa no debe ir muy mal porque en
general, el otro siempre acaba mordiendo el
anzuelo. O lo que es más probable:
que el anzuelo lo
acabes mordiendo también tú.
Una noche llena de mentiras, para dos mentirosos que se atraen. Y es que la verdad, en ocasiones puede provocar acontecimientos turbadores. En tales casos lo mejor es dosificarla. Decir la verdad, sí, pero poco a poco, que después de todo, ni siquiera nosotros estamos en condiciones de poder asimilarla. ¿Pesimista? No, ¿mentiroso? Puede.


