El Ladrillazo del amor
No fue por amor, pero sí por amor al dinero, el poder y la especulación
Ni tan geniales, ni tan brillantes, ni tan listos. Los grandes empresarios de los últimos diez o doce años que dos por tres protagonizaban las portadas de las revistas o los suplementos de economía, han quedado con el culo al aire ilustrando la sección de esquelas reservada a los estrepitosos fracasos empresariales.
Durante algo más de una década han
protagonizado el motor de la construcción en
España, casas, edificios, urbanizaciones
privadas y adosados de todo tipo. Y la gente
compraba, y como había demanda,
empezaron a subir los precios, y a su vez,
quienes suministraban material a las
constructoras vieron que había demanda,
y también comenzaron a subir los precios, y
las inmobiliarias, viendo que había
demanda, comenzaron a subir las
comisiones, y los bancos, viendo que
había mercado, comenzaron a dar
crédito a los constructores para que sigan
construyendo, y también hipotecas al
ciudadano común para que siga
comprando.
En el principio, bastaba con un salario
para meterse en una hipoteca y vivir
algo ajustado. En la actualidad, se necesita
algo más de un sueldo y vivir muy
ajustado.
Llegó un punto en que los solteros/as que
compraban una casa, necesitaban
alquilarla para abonar la
hipoteca y con su sueldo, irse de
alquiler y hacer alguna diferencia.
Y poco a poco el matrimonio se convirtió en
un requisito fundamental para acceder a un
piso: con el dinero de uno se paga la
hipoteca, y con el del otro la
comida y los gastos.
Mientras tanto, las grandes inmobiliarias,
ajenas por conveniencia a lo que estaba
ocurriendo, se endeudaron con los
bancos para comprar otras
empresas constructoras
y suelo urbanizable, total,
todo se iba a vender. Eso pensaban ellas y
eso también los bancos que las financiaron.
No quisieron contar, y de hecho no contaron,
con las limitaciones económicas de los
ciudadanos y su enorme sacrificio, ni
contaron con la fauna de "los otros"
especuladores, que invertían gran parte de
su dinero en adquirir viviendas para (con
los años) revenderlas por más dinero y hacer
una buena diferencia y pensaron que si se
vendía tanto, era porque había mercado, y el
mercado podía.
Por un lado, todo este movimiento generó
grandes fuentes de empleo, directo e
indirecto, no solo se beneficiaron
albañiles, constructores, inmobiliarias,
notarios, bancos, también las pequeñas,
medianas y grandes empresas
del sector que fabricaban, suministraban o
transportaban materiales para la
construcción, maquinarias, pintura,
sanitarios, puertas y ventanas, grifería,
etc.
Y así, mientras los grandes seguían
acaparando las portadas de los medios
económicos y contaban sus ganancias, la
falta de regulación permitió que un sector
muy importante, como el de la construcción,
fuese motor indiscutible de gran parte de la
economía, hasta que...
Los ciudadanos, asfixiados por las hipotecas y la subida de interés, empezaron a vender lo que tan caro habían comprado por menos de lo que valía estadísticamente. Pero eso ha sido en el mejor de los casos, la otra cara de la moneda nos muestra a muchas familias que sencillamente, no han podido seguir pagando su hipoteca. Y mientras los bancos ampliaban los plazos para pagar una casa hasta en 40 años, el mercado, el libre mercado que tanto gusta a los grandes empresarios, dijo "hasta aquí puedo llegar". Y se fue dejando de vender y comprar a pasos agigantados.
Ahora, que muchas empresas dedicadas al negocio han quebrado, y una de las más grandes acaba de caer en suspensión de pagos, se habla de crisis. ¿Qué pasó? pues sencillamente MARTINSA - FADESA, una de las grandes, no puede hacer frente a los créditos que solicitó y se gastó en comprar otras empresas, suelo urbanizable y construir viviendas.
Por primera vez en muchos años, el precio de la vivienda está experimentando una bajada, y el de los alquileres ha dejado de subir. La cadena de desempleo que genera esta crisis o mala gestión del sector, es la crónica de una muerte anunciada. Y es que no siempre se puede ganar. Pero mucho menos sangrando a quién simplemente, trabaja y vive para tener su propia casa.
Toda historia tiene su moraleja y todo sueño su final. Y en éste, las grandes inmobiliarias que durante tantos años han comido del sudor de sus compradores, ahora se ven devorados por el más fiel de sus compinches: los bancos. Típica historia de amor interesado y con un interés, que no perdona.
Comentarios - 4
Eve:
Al final los perjudicados son los ciudadanos que tienen un sueldo y que ahora se quedan en paro; porque \"los grandes\" tienes sus millones de €uros en paraísos fiscales, mientras la vaca daba todo valía ahora hay q acudir al gobierno para que les salve el culo, y si eso ocurre ade+ de pagar las hipotecas, de quedarse en paro... el ciudadano mileurista también pagará la suspensión de pago de la fadesa de turno.
Carlos Rodríguez:
Mejor dicho, imposible
María Migraña:
Muy bueno el editorial, las grandes vedette del ladrillo se quedaron en pelotas y con pocas posibilidades de volvernos a sangrar... de momento
Miguel Angel:
¿No querian libre mercado? toma liberalización!!!
Armand:
La tragedia es para los que se quedan en el paro, pero a los grandes que nos han estao arruinando con
precios salvajes, ojalá se arruinen





















