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Tu memoria es mi memoriaHay muchas formas de permanecer vivo después de la muerte y otras tantas de estar muerto manteniendo los signos vitales |
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España. Inquieta y curiosa, consumía libros de historia, pintura y cultura general con asombrosa voracidad y espíritu incansable tras sus gruesas gafas de pasta. Paisajes, rostros familiares y escenas abstractas pasaban por sus pinceles para regocijo de nuestros ojos, y también para muestra de sus alumnos, los niños del barrio. El año pasado, durante un viaje a Buenos Aires tuve oportunidad de hablar con ella por teléfono. Su palabra era más lenta de lo habitual, pero su risa contagiosa permanecía intacta. Y hablamos. No tuvo problema alguno en reconocerme que no se encontraba del todo bien y que el paso del tiempo comenzaba a dejar su huella. Intenté, con relativo éxito, quitarle hierro al asunto y le recordé que lamentablemente había gente conocida mucho más joven que ella, con problemas de salud más notables que el suyo, que no se rindiera ni se dejara arrastrar por la situación, "Tienes razón querido, la verdad que si", e inmediatamente después, preguntó por el estado de mi mujer y mis hijos. Su pregunta sobre mi prole, no tendría mayor importancia de no ser que (al menos por unos instantes) olvidó que soy gay y llevo cuatro años con el mismo chico. Ella me vio crecer y yo crecí cerca de ella. Me enseñó las historias que se esconden tras los cuadros de grandes artistas y la necesidad no solo de ser buena persona sino parecerlo. Y así, vivió rodeada de niños y adolescentes hasta el hartazgo, respetando siempre el delicado equilibrio entre su sabiduría y nuestra descarada estupidez. Y luchó también contra la educación extremadamente rígida que había recibido, en un intento de que nos afectara lo menos posible. Y lo consiguió, en ocasiones con mejor o peor puntería, pero siempre desde la más absoluta convicción. Ella ahora también soy yo y las personas que quiero o conocemos. Y mientras su enfermedad degenerativa avanza con absoluta libertad por su cuerpo y sus recuerdos, pienso que tal vez algún día, alguien escriba algo parecido pensando en mi u otra persona que conozca, porque ahora entiendo que estar vivo nada tiene que ver con nuestro cuerpo, sino lo que hemos sido capaces de hacer con él mientras éramos dueños de nuestros actos. Nueve meses más tarde desde aquella última conversación, ya no consigue retener sus recuerdos, ni su pulso ni controlar sus temores. Pero los privilegiados que la hemos visto reír a carcajada suelta, protestar, llorar y pintar, conservamos grabado a fuego todos y cada uno de los momentos que a ella ahora se le antojan extraños. Somos su memoria y ella forma parte indisoluble también de la nuestra, y recordaremos cada momento importante de nuestra vida con ella impregnándolo todo.
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